Una mañana de sábado, cuando tenía 17 años, me despertó el repique del celular; en pantalla aparecía el nombre de mi amiga
R. Con mi flojera de recién levantada hice un esfuerzo por pronunciar "aló", y en lugar de escuchar su voz, escuché la voz del que era su novio en ese entonces (al que llamo "cariñosamente"
Ariel... sí, como la Sirenita y en honor a la Sirenita).
Ariel me dijo "Mariale, te estoy llamando porque R. me pidió que te avisara que se volcó en la carretera". Enseguida se me pasó el sueño y la flojera, sabiendo que maneja como una loca, pensé que ya había volcado su carrito que le acababan de entregar, pero lo que me dio más miedo fue que no me estuviera llamando ella misma... Me senté en la cama y le pregunté a Ariel con la mayor desesperación que se pueda sentir "¿¿Pero está bien??", a lo que respondió que sí, que estaba con su hermano y su mamá en la clínica X, y que no les había pasado nada grave, que ya los iban a dar de alta.
Yo -que me tardo tanto bañándome- entré y salí de la ducha en un 2x3, y me fui sin desayunar... Llegué a la clínica muriéndome por verla, por saber que de verdad estaba bien. Entré al área de Emergencia y no la encontré, volví a salir a la calle medio desorientada y marqué su número... Me volvió a atender Ariel, que salió a buscarme y me llevó a donde estaban.
Al verla sentí varias cosas confusas, por un lado el alivio de verla entera, por otro, la impotencia de verle en la cara que le estaba doliendo TODO; nunca la había visto tan frágil...
Su mamá sí estaba un poquito más golpeada, y tuvimos que esperar hasta bien entrada la tarde para que la dieran de alta. Mientras esperábamos, llegó otra amiga y pasamos el rato conversando, tomando café para no morir de inanición, riéndonos de los gestos que ponía cuando se le movía el cabestrillo, me enteré de que no había volcado el carro nuevo, sino una camioneta de la compañía que gerenciaba su papá, y que no conducía ella -la loca del volante- sino su mamá...
Esa tarde, al llegar a mi casa, antes de sentarme a comer -que era lo que más anhelaba-, le di gracias a Dios porque no fue más que el susto.
***********************************************
Durante todos estos años, ambas hemos pasado por muchas cosas, hemos crecido, hemos "cambiado", hemos estado separadas físicamente, e incluso cuando la he tenido frente a mí la he sentido lejana. Pero hay ciertos instantes que hacen una especie de clic mágico, que me regresa a las conversaciones bajo un árbol frente al liceo, a las imprudencias que cometimos juntas y de las que siempre salimos bien paradas, a la única vez que la he visto llorar, a los momentos en los que vuelve a tener cinco años... Hay ciertos instantes en los que vuelvo a estar segura de que quien se mete con ella se mete conmigo, que si le duele a ella me duele a mí, y que ese nexo extraño que construímos sigue estando ahí!
***********************************************
Hoy, a las 7:36pm, recibí un mensaje de R. que decía "Acabo de destruir a mi hijo" (le llama hijo al carro).
Volví a sentir la misma desesperación que sentí hace 6 años, las mismas preguntas agolpadas, el mismo "¿Pero estás bien?". A las 7:37 la llamé y me dijo con voz de muchos nervios "Venía de Aguasay, y un pajúo salió de la nada y se atravesó, y bueno... me le metí por detrás"...
Ya sabía que estaba bien, puesto que estaba hablando con ella, entonces pregunté dónde estaba (Respuesta: en plena carretera), si estaba sola (con la mamá y su novio), si estaban todos bien (con un dolor en el pecho por el cinturón, pero bien), si había llamado a alguien (su hermano ya iba en camino), si necesitaba algo en particular (nada, me avisaba cuando estuviera en Maturín).
Esperé pacientemente leyendo blogs amigos, pero sin poder dejar de pensar que estaban en la carretera, que es peligrosa de noche...
A las 9:10 le escribo "Hace hora y media que hablamos y no sé de ti. Ya llegaste a Maturín?" (Respuesta: Aún tirada en la carretera). Casi me da una vaina.. "Y tu hermano??" (Ya llegó, y minutos después: Ya vamos con la grúa)...
Hace ratico empecé a escribir esto, para drenar... Ahora, a las 9:50, nos estamos escribiendo por mensajitos, sigo preguntando si está bien y repitiéndole que avise si necesita algo...
Ya la desesperación se fue, pero tengo una ansiedad tremenda! Ansiedad que sé que se va a calmar un poco cuando me escriba "Puta, ya estoy en mi casa" (sí, ésa o cualquier otra palabra igual de cariñosa), pero que no desaparecerá por completo hasta que la vea, y sepa que está entera y que ella sepa que estoy ahí, aunque las dos nos hagamos las fuertes y nos llamemos de Puta para arriba...