jueves, 12 de marzo de 2009

Una odisea, dos versiones

Ayer les avisé tempranito que iba saliendo para Tucupita. Regresé ayer mismo y pretendía escribir al respecto en la noche, pero estaba demasiado cansada. Tampoco escribí hoy temprano porque dediqué la mañana a algo que no estaba previsto. Pero bueno, el punto es que estoy escribiendo ahora.

La razón de mi visita a ese pueblo tan requetefeo no fue otra que mi solidaridad con Pablo, que tenía que ir a atender a un cliente. Él ya publicó su parte del cuento (pasen a leerlo), ahora me toca a mí...

La carretera es una cosa espantosa, con unos cráteres que abarcan todo el ancho de la misma (de manera que no se pueden esquivar); esto hace que uno tarde más porque hay que ir a paso de tortuga para no desbaratar el carro. Durante buena parte del camino me estuve sintiendo miserable, ya les explico por qué...

Hace 11 años, cuando me mudé a Maturín, transitaba por esa carretera con frecuencia para visitar a mi padre en el sur de Monagas, y recuerdo que lo único que hacía agradable el trayecto era el bosque de pinos a ambos lados. Bien, ya tenía varios años sin ir por aquellos lares y ayer me encontré con que el bosque de pinos ya no existe, existen unos palitos secos con algunas hojas cerca de la copa.

Más adelante, en la zona ganadera, solía haber muchas pequeñas lagunas artificiales para que bebieran las reses. Ahora la mayoría de ellas están completamente SECAS, son unos huecos amarillos sin vegetación, y otras son apenas charquitos.

Eso hace que me sienta miserable y avergonzada de la especie. Es increíble que hayamos causado tanta destrucción en un período de tiempo tan corto, porque 10 años en historia son NADA; no me quiero imaginar cómo va a ser esa zona en 10 años más.

Pero basta del tema ecológico! Se supone que tengo que contar sobre Tucupita. Al respecto no hay nada muy profundo que decir, sólo que está bastante más feo y maloliente de lo que lo recordaba desde la única vez que había ido anteriormente hace unos 7 años.

En serio, qué pueblo tan deprimente!! Todo sucio, desordenado, sin un lugar decente donde comer, lleno de individuos hostiles que ni siquiera hablan ni entienden castellano, y no me refiero sólo a los indígenas descalzos y malolientes, porque con ellos nada tenía que hablar; me refiero -por ejemplo- a los bichitos que atendían en la única panadería o cualquier otro local: no entendían una palabra, había que repetirles como 8 veces "Un paquete de señoritas, por favor" señalándoles en la vidriera el paquete que decía en letras grandes "Señoritas saladas", y aun así no estaban seguros de qué era lo que se les estaba pidiendo...

A pesar de que en un momento llegó a peligrar el cumplimiento del objetivo del viaje, por fortuna se logró. Y además, ya de regreso nos reímos bastante del folklore de la gentecita.

Llegamos a Maturín varias horas más tarde de lo planeado, directo a buscar qué comer... Y si bien comimos sabroso, ustedes saben que tengo gastritis, así que anoche la acidez me estuvo recordando la moraleja del viejo cuento: "No debo comer cachapas con cochino después de pasar todo el día con el estómago vacío".

Como nota aparte debo mencionar que en las horas que estuvimos en ese dantesco rincón del mundo, vimos a dos muchachas (sí, DOS solamente) que no eran TAN eran feas, y ni un solo hombre que no lo fuera... Usando a los que vimos como muestra representativa de los habitantes del estado Delta Amacuro, debo decir que su población es desmesuradamente fea! Como no las escuchamos hablar, no sabemos si hablan tan feo como el resto... Pero basándome nuevamente en los que sí escuché, concluyo que la población habla desmesuradamente feo! Hasta agradecí escuchar el vomitivo acento maturinés cuando llegamos...

19 comentarios:

Yei dijo...

Llevo todo el día esperando este cuento!

de las dos versiones la moraleja aprendida es no ir a Tucupita a menos que sea ESTRICTAMENTE necesario!

Espero que ya estés un pelin mejor!

Maie dijo...

Ah por fin!!!! porque ya iba a llamar a la gente del Gobierno para que les clausuraran los blog por falta de cumplimiento a las promesas para con el pueblo lector jajaja....chica me dieron una ganas enoooormes de ir a conocer Tucupita con el cuento jajajaja.... Santo Dios eso suena peor de lo que podia imaginar...
Uy Mariale nada más duro para el estómago que una cachapa.... yo las amo pero es cierto que dan una acidez... no imagino después de horas con la panza vacía... pobre!

Capochoblog dijo...

Jamás he ido a Tucupita, creo... si hubiese ido probablemente me acordaría de lo mismo que tu :S

Que cosa tan horrible debe ser por tu cuento y si, me pasa lo mismo cuando veo como acaban con lo que antes era bonito y aún tienen las bolas de decir que avanzan (y lamentablemente no es algo de este gobierno, si no de la gente).

el secreto de monalisa dijo...

Yo debo tener como 20 años que no voy a Tucupita, y de verdad era la época más temida por mi y mis hermanos, porque cuando se asomaba semana santa o carnavales, mi padre simplemente nos decía, adivinen para donde vamos? Tu-cu-pi-ta... el pueblo donde encienden y apagan el sol, lo unico que recuerdo con cariño, fue que aprendí a manejar bicicleta en el Paseo, que es lo unico "medio decente" allí.

Cho dijo...

Lastima lo del bosque de pinos...
Y en cuanto a Tucupita... hay otras parte de Vzla que definitivamente tienen prioridad para visitar... solo seria en caso de trabajo como uds...

Rossy dijo...

Jejeje! Nunca he pisado Tucupita, y con las referencias que acabo de leer, ni ganas tengo de planificar un viaje para allá.

Las cachapas son lo máximo pero sin gastritis, pobrecito tu estómago!, últimamente vivo con la acidez que me causa la presión de la panza.

La frase final es demasiado tú: "Hasta agradecí escuchar el vomitivo acento maturinés cuando llegamos..." 100% Mariale :)

Cop-cita dijo...

Jajajaja!!... Ahora adoras a Maturín...si comparas es el reino!...jejeje!

Saludos!

Genín dijo...

Yo tenia que ir todos los meses a Tucupita, la carretera no era tal, y en la epoca de lluvias, simplemente desaparecia, ibamos en un viejo avión Douglas de la guerra de Corea, lleno de gallinas, cabras etc. Pero recuerdo que en una ocasión, llegamos a Tucupita y había en las calles como medio metro de altura de una especie de escarabajos, que iban recogiendo y echaban en camiones porque los carros no podían circular, se pinchaban los cauchos. Era una pesadilla que por lo que cuentas ha empeorado, porque en la Plaza Bolivar había un restaurante medio decente con aire acondicionado, y se podía comer hasta medio bien...
O sea que como dices, la cosa ha ido patrás.
Besos y salud

Iliana Contreras dijo...

La gente se parece a los sitios que habita, generalmente. Gracias por el dato, nada que hacer en tucupita! Que risa tu relato de la desmesurada fealdad jajajajaja. Feliz fin de semana mariale, un abrazo...manikita.

Anónimo dijo...

Indigenas malolientes? que fuerte! ofensivo y racista: y yo pensaba que no todos eran como el presidente. en fin.

Frank dijo...

Saludos! es una gustazo leer estas lineas. La verdad es que el relato es divertido pero a la vez triste que descuiden nuestros pueblos de esa manera. Hace tres años fui a Mochima y recuerdo que le menté la madre al Saab cada vez que veía una tronera en la carretera, es decir todo el camino, porque todavía tiene las bolas de cobrar peajes!

jose montalvo dijo...

Tu experiencia en el viaje a Tucupita es una clara indicación de la destrucciòn que se está llevando a cabo de la Venezuela que hemos conocido...la negligencia junto con la incapacidad y la corrupción nos marca el camino hacia la cartilla de racionamiento, es decir, la imagen de Cuba, el sueño de Chávez.

Antonieta H. dijo...

Nunca he ido y ahora me dan menos ganas de ir jajajaja

Pablo J dijo...

Bueno, yo por aquí reportándome. Mientras iba leyendo el comienzo del post yo me iba preguntando "era sobre Tucupita o sobre ecología?" jajaja pero yo sé que en tu caso es inevitable jajaja.

Saludos...

P.D.: Mas vale que tu estóGaMo esté mejor más tarde porque sino de vinos... creo que NADA... aunque después de aguantar tu depravación de torta de fresas creo que si lo tolera jajaja.

Anónimo dijo...

este post es deprimente....por lo despectivo con la gente :(

Pepita Parachoques dijo...

Mariale, que viajecito... y a mi que me habían dicho que el pueblo había mejorado. Me contaron que existían paseos agradables a ver el Delta y un hotel decente, con piscina y restaurant.... Quizas no lo vistes con los mismos ojos, o quien me lo describió lo vio con los ojos del alma.

Pablo J dijo...

Creo que quien le describió Tucupita a "Pepita P." le hacen falta unos buenos lentes en el alma y en los ojos si le dijo que había mejorado... jajajaja.

Saludos...

P.D.: Una vez escrito el comentario, leyéndolo, me doy cuenta de que ciertamente andamos cortando rabos y orejas jajajaja.

Ancient Warrior dijo...

Yo recuerdo haber ido hace cosa de 23 años, en un grupo cuando viviamos en Morichal (por cierto no he hablado de Morichal en el blog). El cuento es que le tendimos trampa a mamá, nos montamos en la "curiara" y cuando ella se monto para bajarnos...

ARRANCAMOS!!!

Pobre, iba asustada entre la velocidad y el saber que estabamos roeados de caimanes.

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Me han dicho que las carreteras en Venezuela son horribles...y no sólo por ese lado (tengo una amiga del lado del Táchira que padece de lo mismo). ¿Y así y todo quieren poner esos caminos en manos del gobierno Central?

Para colmo, sin ningún cuidado por lo que entrega la Naturaleza...¿nadie les habló del manejo responsable de los recursos?

Quizás no debe de ser muy fácil hacerse de un cocaví decente para el camino y que se conserve de modo adecuado, pero debieras de pensarlo para un próximo trayecto.

En resumen...mientras más recuerdas Tucupita, más quieres Maturín. Saludos afectuosos, de corazón.

P.D.: ¿Qué son las señoritas saladas? (quizás las conozco por otro nombre en estos lados)