miércoles, 27 de mayo de 2009

De un pegostico que llegó del Occidente...

Unos primitos maracuchos de mis escuincles están de visita en Maturín desde hace casi una semana. Una tiene 3 años y piquito, y el otro, 2 meses. Como siempre, a mí los niños me encantan, me parecen tiernísimos y me puedo pasar horas mirándolos. La niña -que tiene un nombre de esos maracuchos que yo no sugeriría jamás ni siquiera para la hija de mi peor enemigo- tiene como demasiada energía, más que los míos, que ya es mucho decir; además, es bastante ruidosa, malcriada y demanda mucha atención... Pero apartando eso, me parece una niñita muy graciosa.

Siempre les he dicho que mi enana se parece mucho a mí, verdad? Bueno, cada día me río más de la vaina, porque es que de verdad lo que me faltó fue parirla, pa' que tuviera mis genes y poder decir que sin duda alguna es mi hija!

Resulta que mi pobre enana está ya un poco harta de tener a la carajita pegada a ella cual garrapata todo el tiempo, de que le digan que tiene que ser buena anfitriona, de tener que prestarle los juguetes... Tanto así, que hasta se alegra de tener que ir al colegio, porque es el único lugar al que no la puede seguir...

Mencioné antes lo del parecido conmigo, porque eso mismo me pasaba a mí con cualquier niño con el que tuviera que compartir mi aire durante más de un día, me estresaban, les agarraba una arrechera monumental! La cosa es que yo me los sabía sacudir rapidito, cuando se antojaban de jugar con cualquier cosa que yo tuviera o pintar con exactamente el mismo color que yo estaba usando, en lugar de pelear les dejaba todo y me sentaba en el piso a leer el Pequeño Larousse Ilustrado... ja! A ver si de eso se iban a antojar!

O cuando me querían quitar cualquier cosa que estuviera comiendo, les empezaba a leer los ingredientes en el empaque y les decía "Sabes? Yo leí que este ingrediente produce cáncer", o a veces sólo les decía que las caries los iban a atacar tan rápido que se les iban a caer todos los dientes antes de que pudieran llegar al consultorio del odontólogo... Y, por supuesto, salían los carajitos corriendo despavoridos...

Afortunadamente -para el resto del mundo, no para ella-, mi hija es un poco más normal, no se le ocurren ese tipo de cosas. Pero sí tiene las otras características que yo tenía: si el chamo viene de visita y al final de la tarde se va pa' su casa, pues ella lo atiende súper bien y le presta todo; pero si se queda invadiendo su espacio por mucho tiempo, entonces lo comienza a odiar! Y como cada quien pelea con las armas que tiene, ella no habla de cosas fatídicas que leyó, sino que tan pronto la prima la medio toca, ella arranca a llorar diciendo "Ella me pegóooooooooooooooooooo"... Y como la otra es menor pero gordita y rústica, y mi enana es flaquita y consentida, pues todo el mundo le cree. Ven que igual tiene sus tácticas?

Es una lástima no poder aplaudirla e instruirla en el arte de perfeccionar las tácticas quitapegostes... Eso sería un muy mal ejemplo! Así que sólo puedo tratar de llevar la fiesta en paz; pero no deja de resultarme divertido verlas de lejos cuando están peleando e imaginarme cómo habría salido yo de la situación 20 años atrás...

10 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Tu enana es consecuente y lista.

Besos.

Capochoblog dijo...

Me gustaba más tu técnica, jajajaja, que esa lloradera a mi me da dolor de cabeza.

Ancient Warrior dijo...

- Mami, no queremos ir donde esa señora, su hijo riega todo y al final ella nos manda a recoger el desastre y tu siempre la apoyas.

- No hijo, les prometo que esta vez no se lo voy a prmitir.

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- MAMI! LO PROMETSTE!!! NO TE ACOMPAÑAMOS MAS!!!

Si, se de coñitos que siempre se salen con la suya. Lo peor es que cuando el coñito regaba todo en mi cuarto, la mamá se lo llevaba como si nada. Quién me ayudaba? pues quien más sino BROTHER WARRIOR! (ah, y los desastres de Sister Warrior tambien eran responsabilidad nuestra)

Maie dijo...

jajajaja.... me recordaste los pegostes. A mi depende. Habían niños que me fastidiaban pero como era super educadita me los calaba. Pero en general yo era el pegostito ladilla de mis primas más grandes. Entonces para librarse de mi me ponía a hacer el ridiculo cantando canciones de Kiko (personaje de El Chavo del ocho) cosa que yo con tal de estar con ellas y sus novios aceptaba sin chistar... y lloraaaaba cuando trataban de sacudirse el pegoste jajaja. Me parece que Luna será más de tu estilo...si ya nos sacude al papá y a mi cuando nos ponemos besucones... nos hace saber que somos una ladilla pegostosa y que quiere su espacio...

Rossy dijo...

Jejeje, eres maluca! Pero no sin razón, los niños pegostes son un verdadero fastidio y tu enana desde ya demuestra su ingenio para resolverlo solita.

Besos.

Genín dijo...

jajajajaja Genial aprendizaje para defenderse en la vida cuando sea mayor...jajajaja
Besos y salud

Fausti dijo...

Entiendo a la perfección a tu enana. Que te lo digo yo que he vivido en oocidente lo que llevo de vida, y se que los maracuchos pueden ser totalmente insoportables.

Que buena que tu hija es bien viva y se le va un paso adelante jejejeje.

Saludotes!

Antonieta H. dijo...

todavía estoy pensando que nombre tiene el pegostico jajaja, eras mala cuando chiquita muchacha, tu enana es una versión tuya más light jajaja.

Lorena dijo...

Flaca y pensar que a la Antonella le fastidian los niñitos que preguntan muchas veces la misma cosa, o las reglas de un juego o las instrucciones de algún aparato. También se molesta cuando le digo que tiene que ser "buena anfitriona" y peor aún si llega a un sitio y ve gente que empieza a apachurrarla o besarla mucho!! hasta se limpia la cara, jajajajaja!!!
Mariale, tu eres un caso serio!

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Desde pequeña que te gusta sacarte a los malos elementos de encima...podrías enseñarle a tu enana el truco de los ingredientes con cáncer (aunque igual sabe manipular, ñaca-ñaca).

Es grato recibir visitas y todo eso...pero claro, a veces llega un momento en que te preguntas a qué hora se irán estos tipos (sobre todo, cuando tienes que ceder el cuarto y dormir en el sofá...si se da en todas las edades).

Saludos afectuosos, de corazón.