En mayo de 2008 te quejaste muy sutilmente de que no había escrito "tu historia" en mi blog,
como sí lo hacía con otras personas.
El 9 de junio de 2008, estaba en un cyber de Chacaíto y empecé a escribir tu historia,
pero me llamaron por teléfono y me tuve que ir, así que guardé el borrador y no lo terminé hasta hoy...
Aquí te voy a dejar lo que escribí aquel día...
Escribo esto el día 9 de junio, pero lo voy a dejar programado para que se publique el 10 porque no quiero que se interprete como un post de cumpleaños para el individuo en cuestión; lo de la fecha no es más que una coincidencia.
He escrito varias entradas para él, él sabe cuáles son aunque sólo le dedique directamente dos de ellas (
ésta y
ésta). Me lee a diario pero no deja comentarios, aunque después, en alguna conversación me saque cosas que escribí hace tiempo y no sabía que él había visto...
Precisamente porque me lee, sabe que he escrito entradas contando las historias de muchas personas importantes en mi vida, y he llegado a la conclusión de que le estresa que no haya contado la suya; es decir, no sirve que le dedique entradas, tengo que contar la historia.
A partir de aquí, escrito el 9 de junio de 2009
Empiezo aclarando que aunque el año pasado no quería un post de cumpleaños, hoy ésa es exactamente la intención! Es decir, quería escribir un post felicitando al individuo, pero recordé que nunca terminé de contar la historia, así que me toca hacerlo hoy, y que un solo post sirva para ambos propósitos.
Dios! Es increíble que para llegar a la historia de Alex tenga que contar aunque sea por encimita la historia de Manuel y la de Gabriel, apenas comienzo y ya me estoy sintiendo agotada...
Cuando llegué a Maturín no soportaba a la gente, salvo contadas excepciones, una de esas excepciones
(Mauricio, a quien también le debo un post con su historia) se convirtió en mi protector, mi único amigo y su familia en mi familia. Él conocía a un señor que había sido su vecino por un par de meses y que había resultado ser burda de pana, este señor es Manuel.
Manuel tiene edad para ser mi padre, pero es un tipo súper divertido, como un muchachito en un cuerpo con 40 años más. Un día Manuel nos invitó a pasar una tarde en su finca con su esposa e hijas, tarde ésta en la que lo pasamos súper bien y él se ofreció a prestárnosla cuando quisiéramos reunirnos allí, sin importar si él estaba presente o no; y nosotros, ni cortos ni perezosos, aceptamos y empezamos a pasar bastante tiempo alcoholizándonos en aquel punto perdido en el monte; incluso cuando Mauricio y su familia se fueron de Maturín, ya Manuel prácticamente me había adoptado...
Un día la esposa de Manuel me dijo que venía de Maracaibo su sobrino, que tenía mi edad y que seguro me iba a gustar
(sí, tengo suerte para encontrarme casamenteras en todas partes). El sobrino en cuestión era Gabriel, quien en efecto me cayó muy bien, nos hicimos panísimas el mismo día que nos conocimos, pero
-para decepción de nuestra casamentera- no pasamos de ahí.
Unos días después nos dejaron a Gabriel y a mí cuidando a las niñas en la casa, Gabriel se llevó a las niñas a comprar chucherías y, por ende, me quedé yo sola en la casa. En un momento se paró un taxi en la puerta, y se bajó el tipo más malencarado que he visto en mi vida!, tiró un morral en el piso, se agarró de la reja y cuando me vio empezó a exigirme que lo dejara entrar. Yo nunca en la vida le había visto la cara, así que por nada del mundo le iba a abrir la puerta! Y estuvo parado allí
-bajo el solazo- como media hora gritándome que lo dejara entrar, que se sentía mal, y yo ni pendiente! Hasta que regresó Gabriel con las niñas y me dijo que ése era Alexander, su hermano mayor... Se imaginarán que la presentación no fue la más agradable del mundo, que los días que siguieron fueron bastante hostiles, y que los dos pensábamos exactamente lo mismo el uno del otro: "Qué ser tan indeseable!".
Pero con el paso de los días, él empezó a ver que yo me llevaba bien con su familia, yo empecé a ver que él era educado y amable con todo el mundo, que había sido desagradable conmigo porque yo lo fui con él, y bueno, con la mediación de Gabriel, dejamos de odiarnos! Y pasamos el resto de esas vacaciones
-los tres- intentando no morir de aburrimiento en este pueblo, propósito en el cual, creo, tuvimos éxito :-P
El año siguiente, volvieron a venir con sus hermanitas, las gemelas más distintas entre sí que se puedan imaginar! A las gemelas les gustaba salir, bailar, estar con gente, igual que a Gabriel; en cambio Alex resultó ser un ermitaño como yo, que prefería tomarse una cerveza en la terraza leyendo poesía, que ir a tomársela en algún sitio atestado de gente con música a todo volumen. Así empezamos a pasar tiempo solos, a encontrar cosas en común de ésas que no teníamos con NADIE más, a hablar de música, a leer en voz alta un rato él y un rato yo, a recorrer librerías juntos buscando algo más que leer...
Y justamente en uno de esos ratos de leer poesía en la terraza, vino un beso; y a partir de entonces, 4 años de ir y venir, de chatear o hablar por teléfono todas las noches porque como buenos ermitaños no salíamos pa' ninguna parte, de pasar juntos algunos fines de semana cuando podíamos, de "me enferma la palabra novio", de "y entonces qué es lo que somos?", de "tu mamá me odia", de "múdate pa' Maracaibo", de "no me voy a mudar pa' Maracaibo", de "mira lo que te escribí", de "no me imagino escribiendo estas cosas sin ti"
(como la canción), de "yo te amo pero tú no", de "si esto no te basta, nadie te está obligando"... y de darnos cuenta en cierto momento de que yo para él y él para mí éramos, por encima de todo lo demás, el tipo amigo que te conoce tan bien, que te acepta y te hace sentir parte de algo, que te comprende tan bien, que no te imaginas cómo va a ser la vida si un día ya no tienes eso...
Y llegamos a un punto en el que entendimos que para poder seguir siendo así de amigos, ya teníamos que ser solamente amigos. Y me alegra que haya sido así, porque han pasado los años y ese mismo guajiro
(ya se va a arrechar porque le dije guajiro) que me cantaba para dormir y me regalaba carritos de colección, es el que hoy me sigue llamando a diario cuando sabe que estoy enferma, el que me sigue pidiendo mi opinión sobre lo que escribe, el que me ayudó a desahogarme en la madrugada del
16 de febrero, el que cree en mí con los ojos cerrados cuando nadie más cree.
Mi amiga
R. dice que él y yo somos los únicos sobrevivientes de la destrucción de un planeta muy lejano y diferente a éste, y tal vez es cierto, no lo sé... Pero si es así, qué bueno que los dos nos refugiamos en La Tierra y que tuvimos la fortuna de encontrarnos!
Guajiro, gracias por ser y por estar, gracias por dejarme ser y estar,
gracias por hacerme una mejor persona aunque no se me note mucho,
gracias por quererme aunque yo no te haya dado muchos motivos para hacerlo...
Feliz cumpleaños!