jueves, 25 de marzo de 2010

El General

Comparto con ustedes un poema que encuentro muy oportuno.
Noten que, aunque fue escrito hace aproximadamente un siglo,
seguimos soportando personajes como el que describe...



Mirad: frente por frente se divisa
al viejo capataz de la mesnada;
ni un pliegue de bondad en su sonrisa;
ni un destello de luz en su mirada.

Alma siniestra: rostro abotargado;
labio en un gesto de desdén caído;
el corazón a la piedad cerrado
y a la doliente súplica el oído.

Tiene en la diestra el rayo que calcina;
tiene en el alma el odio que envenena;
tiene a sus pies un pueblo que se inclina
y arrastra, murmurando, su cadena;

en tanto que del torpe libertino
sólo cede la cólera sombría
al influjo magnético del vino
y al sopor humillante de la orgía.

Allá, sobre las cumbres de la sierra,
con sus turbas de ilotas y reptiles,
para dictar sus úkases se encierra
entre nubes de sables y fusiles.

Miedoso de la fiebre vengadora
plantó su tienda lejos de los mares,
y abrió como una caja de Pandora,
el cofre de sus juicios militares.

Inquisidor, a sus esbirros manda
que a los hombres apliquen la tortura
y caigan en los pueblos como banda
negra y feroz a la que el hambre apura.

Alguien le adula: trepadora hiedra
que al fuerte muro con afán se acoge;
el que al amparo de sus triunfos medra
y el fruto de sus crímenes recoge.

Ante ese monstruo, aborto del abismo,
aún hay quien pasa con la frente erguida
en el alma el horror del despotismo
y el desprecio sublime de la vida.

Mientras aliente un corazón entero
pueden lucir auroras de venganza;
hasta las sienes del Goliat ibero,
la débil onda de David alcanza.

Para enviarnos el terrible azote,
al infierno tal vez injertar plugo
en un Nerón con rasgos de Quijote,
un Sancho con instintos de verdugo.

Es General sin luchas ni peleas,
sin hidalguía, sin honor, sin nada;
para cortar el vuelo a las ideas:
para eso sirve el filo de su espada.

Goza en paz ¡oh tirano! que algún día
irá a turbar tus negras soledades
lejana estrepitosa gritería:
zumbido de remotas tempestades.

Grito de rabia que los aires llena;
rugido de un titán que quiebra el yugo;
voz de un pueblo que rompe su cadena;
voz de un pueblo que execra a su verdugo.

Luis Muñoz Rivera

10 comentarios:

El Drac dijo...

Hermoso poema que me hizo imaginar los prambulos de la toma de la Bastilla; más que un poema parece una arenga con fines revolucionarios

TORO SALVAJE dijo...

Si.
Le va como un guante.
El de ahora tiene la pinta de acabar colgado.

Besos.

Pablo J dijo...

¿Podría agregar algo más a lo escrito allí?

Respuesta: NO! nada nadita!

Rossy dijo...

"Voz de un pueblo que rompe sus cadenas" ... ese murmullo es cada vez más fuerte.

Que así sea!

Besos.

Otto dijo...

Es que los tiranos son iguales no importa la época. Y la historia dice que todos terminan igualito: acabado en manos del pueblo que tanto jodieron.

Sólo espero que ese momento no tarde mucho...

Angelo dijo...

Concuerdo con Otto, los tiranos son tiranos, sean de derecha o de izquierda: Del siglo XIX o del siglo XXI. Da lo mismo ver una película sobre la vida de Hitler, Franco, de Mugabe, de Fidel Castro o de Trujillo...

Genín dijo...

Si, pienso igualito que Otto, pero es cierto lo que dices, pareciera que fue escrito ayer...
Besitos y salud

Oswaldo Aiffil dijo...

Me parece haber visto un tipo así...no se...me suena...familiar el hombrecito...ya va...déjame acordarme...es que lo tengo en la punta de la lengua...¡ay memoria, no me traiciones ahorita!
Esteban de Jesús, el mismo que viste y calza....y el final del poema es premonitorio...umjuuu...ssshiiiitoooo!!!

Luis! dijo...

Cuando leí el título pensé que ibas a escribir algo sobre aquel artista panameño que consiguió el éxito gracias a pegajosos temas como "Te ves buena", "Son bow" y "El Funkete"

Nicolás dijo...

Tirano disfrazado de esperanza,
promesas incumplidas en su boca.
Ya vino por comedia la venganza:
Esteban es el nombre que le toca

Ni nombre tienes ya, Ce'TM,
El pueblo te reclama lo incumplido,
mirad bien a los niños de la calle,
recuerdo de tu camino perdido

Hemos de preguntarle, Presidente:
¿Dónde está ese futuro prometido?
En nuestra juventud, precisamente,
que se levanta con un grito aguerrido.

(el mismo de siempre, ahora sin personajes ni seudónimos)