sábado, 1 de mayo de 2010

Sobre la susceptibilidad

Hay un muy escaso puñado de personas a las que les puedo decir cualquier cosa. No digo "contar cualquier cosa" porque no sería cierto, hay cosas que sencillamente no se cuentan. Pero les puedo decir cualquier cosa (igual que ellas a mí), o sea, las puedo insultar, las puedo mandar al infierno, les puedo mentar la madre, les puedo decir chavistas, todo eso sin que nos lo tomemos en serio, sin que dejemos de sonreír, y sin impedir que al minuto siguiente estemos hablando de lo bueno que está el helado o del tremendo palo de agua que cayó en la madrugada... Son las pocas personas con las que me siento realmente cómoda.

Nunca logro llegar a ese nivel de comodidad con una persona "normal", porque la gente normal tiene cierto nivel razonable de susceptibilidad, lo que hace que no sea capaz de tolerar las cosas que yo soy capaz de decir. Esto lleva a que debo medirme y no hablar con total libertad. Por eso valoro tanto al puñado de anormales insensibles a quienes les resbalan las porciones de ácido que pueden salir de mi boca.

Hoy desperté pensando en una conversación de aproximadamente 90 segundos que tuve con uno de esos seres el miércoles de esta semana. Es curioso que no lo haya vuelto a recordar ni por un instante el mismo miércoles, ni el jueves, ni ayer, y que hoy haya abierto los ojos con el recuerdo de esa mini conversación, que se dio como suelen darse mis conversaciones: primero estábamos hablando de un tema 'X', caímos en los mencionados 90 segundos, y enseguida pasamos a un tema 'Y' con toda naturalidad, nos reímos bastante y no volvimos a tocar los puntos anteriores.

En esos 90 segundos le descubrí a este ser -y así se lo hice saber- un nivel de susceptibilidad que no conocía y que, confieso, no me agrada.

Para ilustrar un poco cómo es la cosa y para que todos entiendan, hay un ser que lee este blog, que una tarde sin avisar se apareció en mi casa luego de manejar varias horas para verme y yo, que estaba durmiendo la siesta (sí, antes tenía esa costumbre), salí hasta la puerta y después del "Hola" le pregunté: "¿Yo te dije que podías venir a visitarme a esta hora?", como no respondió lo hice yo: "No, no te dije que podías venir, así que nos vemos después"; me di media vuelta y me volví a acostar sin remordimiento alguno. A otro ser que también lee este blog le tuve que decir "Si sigues apareciendo sin avisar, te voy a hacer lo mismo que a Fulanito, que lo dejé parado frente a la reja". A otro que a veces lee este blog le dije una vez por teléfono "Sí, yo sé que estás en Maturín; no, no tengo clase... Pero igual no tengo muchas ganas de verte hoy". Otro ser que dudo que alguna vez llegue a leer este blog sabe que me refiero a su mamá como "La Pesadilla", cuando le estoy preguntando por su familia digo "Mira, ¿y tu hermano? ¿Y la Pesadilla?"...

Entonces, si este ser me dijera hoy "No le digas Pesadilla a mi mamá", me sorprendería mucho y me desagradaría la demostración de susceptibilidad. Pero si además le preguntara por qué no puedo llamarla así y me respondiera "Bueno, porque ella tiene su nombre", ya no sólo me sorprendería y me desagradaría, sino que me parecería una respuesta estúpida, porque si a eso vamos, hace ocho años, cuando le empecé a decir así, también tenía nombre, y no te molestaba y te reías de la vaina... No sé, para que no me pareciera estúpido tendría que darme una serie de argumentos sólidos que prueben que su mamá ya no es la ladilla que era y por eso ya no podemos decirle Pesadilla.

Bien, algo parecido me pasó con este ser de los 90 segundos... Y la razón por la que estoy escribiendo al respecto es que ocurrió algo que aún no comprendo del todo. Me explico: cuando la gente dice o hace algo estúpido, yo le voy perdiendo el respeto en una medida directamente proporcional a la gravedad de la estupidez cometida. En este caso, los 90 segundos de susceptibilidad fueron apenas ligeramente estúpidos, por ende, la pérdida de respeto debería haber sido mínima.

Pero pienso en el ser en cuestión, y me doy cuenta de que lo respeto igual que antes, o sea que no hubo ni siquiera la mínima pérdida que debía haber ocurrido. No sé a qué se debe, tal vez sea que se trata de alguien que ha hecho suficientes cosas en el pasado como para merecer que yo lo respete sinceramente (como a pocas personas en el mundo), o tal vez sea simplemente que aún no lo termino de asimilar para saber exactamente cómo me siento al respecto.

El punto es que, sea cual sea la razón, me ha resultado un caso de autoestudio súper interesante, que sé que me tendrá cavilando un buen rato.

Odio cuando me salen estos posts que
parecen escritos en un "Oh querido diario"...

7 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Toda regla tiene su excepción.
Quizás ese ser la merece.

Besos.

Genín dijo...

jajajajaja Solo esto de momento, luego vengo...jajaja
¿No me dejarás frente a la reja?..jajaja
Besitos y salud

Rossy dijo...

Quizás su nivel de susceptibilidad varió por algún suceso particular ese día? Si no le perdiste respeto en ese momento es porque quizás no merece que se lo pierdas? Especulaciones mías...

Un beso.

Zeithgeist dijo...

Creo q todo el mundo es susceptible. pasa que aveces hay grados y grados.
A mi me paso el otro día de sorprenderme con un amigo que siempre supo ser cabron y mal llevado coo yo, y por ende, no ofenderse con nada, y verlo de pronto en un estado lamentable de estupidez que me lo tiró escaleras abajo en mi ranking...
Como odio q pasen esas cosas.
JODER.

Sabes qué es lo peor de los susceptibles? Que son los que mas piden opiniones.
-.-

Otto dijo...

Jaja, leía el post y me preguntaba "a dónde quiere llegar Mariale con esto?" y de repente leí esa postdata a mano derecha y lo entendí todo, jajajaja.... Besos!

Sylvie dijo...

Como vaya yo alguna vez a Vzla, llame a tu puerta y me dejes frente a la reja...¡¡¡ve rezando lo que sepas!!!!!!!!!!...

A mi me gusta la gente que dice que lo piensa, por lo menos siempre sabes que son sinceridad pura y dura, te guste más o menos.
A quien no le guste la gente así, es porque le atrae más la hipocresía o el vivir ciego...

Besitos.

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Reconozco que soy susceptible con determinados calificativos...si alguien cree que soy un fascista (como me ha pasado), me molesto sobremanera y poco menos que exijo aclaración inmediata.

Pero, por lo general, eso pasa con gente que no me conoce mayormente; quienes saben más de mí entienden mayormente que soy de los que va con todo...pero hago la distinción de que, si es en joda, es en joda y si es en serio, es en serio.

Quizás alguna vez, tiempo atrás, tuve una suerte de malentendido contigo...pero fue superado sin mayores problemas. Lo que narras en esta situación muestra, tal vez, que con el tiempo permites ciertas licencias menores a quienes aprecias más; un poco de flexibilidad nunca está de más.

Hay quienes se muestran inflexibles con sus horarios ante la mayoría, por mucho que la otra persona se esfuerce...y es entendible para ir manejando las confianzas y las relaciones de equilibrio que se dan.

Saludos afectuosos, de corazón.