domingo, 31 de octubre de 2010

"Ojalá no me dolieras"

"Me gustaría poder decirte que pienses lo que te dé la gana, que no me importa lo que creas, que no me dueles en absoluto... Pero no puedo, coño, porque sí me importa y sí me dueles... ¡Ojalá no me dolieras!"

Esas palabras salieron de mi boca en el tono bajito y pausado típico de cuando estoy muy arrecha o muy dolida, y con toda la rabia que se puede llevar dentro a los 18 años.

Hoy vino a mi mente esa conversación por un asunto que NADA tiene que ver con aquél, y me he estado preguntando si la gente que no debe doler, algún día deja de doler...

lunes, 25 de octubre de 2010

Sobre esa calamidad que llaman ejercicio físico

La migraña siempre ha sido parte de mi vida, ya lo he comentado antes aquí, se va un tiempo y regresa otro tanto. Por eso mi diagnóstico de hace años fue "Cefalea migrañosa crónica" y yo lo he aceptado, sé que es parte de la herencia de mi madre, así que no le paro mucho. Sin embargo, ha habido algunos períodos en los que los analgésicos no me hacen efecto, la vaina se hace demasiado insoportable, y no me queda más remedio que pedir ayuda.

Como mi nueva póliza de seguros no me cubre las consultas, igual la tenía que pagar yo, así que no fui a ver a cualquier matasanos de este pueblo, sino al que ha sido mi único médico de confianza desde hace unos 8 años; el que, siendo traumatólogo, me ha atendido por gripes, infecciones, hongos, gastritis, anemia, y toda vaina que no tenga que ver con su especialidad. Sigo prefiriéndolo a él porque, aparte de estar bueno, no ha intentado matarme como los demás.

Como me conoce -y conoce a mi familia- desde hace tanto tiempo, sabe por dónde pueden venir los tiros tan pronto como comienzo a enumerar síntomas, en este caso: muchos dolores de cabeza, mucho cansancio, muchos mareos, muchos dolores musculares y mucha (DEMASIADA) hambre. No me hizo las preguntas típicas de si estoy embarazada, si consumo drogas, si tengo trastornos alimenticios (esta pregunta es la habitual de los que me atienden por primera vez, lo cual es comprensible por mi peso)... Él se limitó a pedirme que le describiera cómo habían sido mis días últimamente y, cuando terminé mi relato, empezó a escribir una orden para una serie de exámenes y me dijo que eran "por si acaso, para descartar", pero que él estaba casi seguro de que todo mi malestar se debía a toda la tensión a la que he estado sometida.

Bien, me hice los exámenes y ¡resulta que estoy como una uva! ¡Más buena que Norkis Batista! Estoy mucho mejor que en mayo, ¿recuerdan? Y debo decir que el doctor me hizo examinar un montón de factores que no tomó en cuenta la matasanos en aquella ocasión, y aun así, todos mis valores son absolutamente hermosos. Lo cual nos lleva a la pregunta que le hice cuando le envié por email mis resultados: ¿Cómo es posible que estando tan sana me sienta tan mal?

Su respuesta fue que su primera impresión era la correcta: todos los peos que tengo en mi cabeza le están pasando factura a mi cuerpo. Así que sólo me recetó un reconstituyente de la masa muscular porque estoy exageradamente flaca, y lo más apocalíptico del asunto: ejercicio diario. Justo en el momento en que yo le estaba buceando los brazotes y pensando en lo bien que le lucen las canitas en las sienes, ¡viene aquel hombre con sus ojitos entrecerrados y me dice semejante grosería! ¡No pué' sé'!

Yo, por supuesto, intenté negarme. Le expliqué que, a pesar de mi pasado de "niña atleta" que hizo cuanto deporte existía en el mundo, al llegar a esta pueblo con su maldito calor se me quitaron las ganas; además, siempre he estado flaca, después de todos estos años sin hacer un puto abdominal sigo conservando la definición, entonces ¿para qué pasar por esa tortura? Le expliqué que lo he intentado, pero que pago la inscripción y el primer mes en el gimnasio y voy la primera semana (si acaso)...

A cada una de mis excusas, él me fue devolviendo respuestas imposibles de desarmar. Me dijo que él mismo no iba al gimnasio, que no malgastara mi dinero, pero que hiciera algo al aire libre, me recordó que hasta Nina -mientras todavía podía- caminaba en el parque (que, pa' que vean lo sinvergüenza que soy, queda a unos 20 metros de mi casa)... En fin, no me quedó más remedio que aceptar.

Siendo así, salí a comprarme un mono (porque se imaginarán que a estas alturas mi inventario de indumentaria deportiva es CERO) que no conseguí y tuve que conformarme con una licra suavecita, bien cómoda, pero que no era lo que yo quería. Compré una sola (y barata, además), porque no sé cuánto tiempo me vaya a durar la fuerza de voluntad; y pretendo escribir un post sobre esa compra si la procrastinación no me lo impide.

Pero bueno, el punto es que, después de la flojera del fin de semana, hoy tempranito por fin nos encontramos el parque y yo, yo y el parque... Fue menos traumático de lo que esperaba, el día de hoy me sirvió para tomar nota de ciertos detalles:
1. Hoy sólo hice 40 minutos, porque en cuanto salió el sol matagente (a las 7 en punto) huí por la derecha. Así que si quiero quedarme más tiempo debo llegar más temprano.
2. No me cansé, mi ritmo cardíaco se mantuvo casi inalterado; de modo que estoy para una intensidad mayor.
3. No me dio sed en todo el trayecto y sólo necesité un par de sorbos de agua; esto es importante porque cuando hacía ejercicio siempre estaba pendiente de hidratarme antes de que me diera sed, recordando las palabras de mi profesora Blanca: "Si te da sed te jodiste". La buena noticia aquí es que puedo llevar una botella más pequeña.
4. ¡No sudé prácticamente nada! This is a big deal, porque aunque tiendo a sudar realmente poco, aun ese poquito me parece la cosa más guácala del mundo. Supongo que es la ventaja de esa hora, que no está el solazo.
5. Al levantarme más temprano, me da tiempo de hacer una comida adicional, por lo que espero tener menos hambre durante el día.

Ya lo dejo hasta aquí porque está muy largo. Espero que la fuerza de voluntad me dure por lo menos hasta quitarme los malestares...

sábado, 23 de octubre de 2010

jueves, 21 de octubre de 2010

Advertencia sobre la paja

Me gusta ser blogger. Me gusta escribir este blog, recibir comentarios, leer otros blogs... En general, me gusta ser blogger. Con base en esa afirmación, no tiene justificación tener abandonadas mis costumbres de blogger, como escribir con frecuencia y visitar y comentar otros blogs; en serio, no tiene justificación, los peos y las ocupaciones del día a día no son justificación, porque en estos 3 años y medio yo siempre he tenido cosas qué hacer y aun así hallaba tiempo para escribir alguna vainita todos los días (o casi).

Siendo así, he decidido que cuando considere razonablemente que dispongo de aunque sea 10 minutos, me obligaré a hacer clic en "Nueva entrada" y escribiré cualquier paja. Pero, people, I mean it, ¡CUALQUIER PAJA!

Y si están pensando "Bueno, Mariale, es que todo este tiempo has escrito pura paja", yo les doy la razón, pero ahora probablemente será paja más meaningless que antes... ¡No digan que no les advertí!

viernes, 15 de octubre de 2010

Nina

Habría querido escribir sobre ella mientras estaba bien, así habría escrito un post bonito, en el que pudiera tomarme todo el espacio para contarles puras cosas buenas, pero la procrastinación es una vaina arrecha e hizo que me tomara 3 años y medio y que venga a escupir esto ahora que ya no puede ser bonito...

Alguna vez he mencionado aquí que tengo mamá, que ha vivido conmigo, no murió cuando nací, no abandonó a mi progenitor cuando yo era niña para irse con otro hombre... PERO es -y siempre ha sido- muy evidente que no siente por mí lo que las madres en general sienten por sus hijos, así como yo no siento por ella lo que dicen las tarjetas del Día de las Madres. Todo eso que dicen las tarjetas y los poemas y la gente que habla bien de su mamá, yo lo pude experimentar gracias a otra mujer, a la hermana mayor de mi progenitor, la que lo crió a él (que también tenía mamá) y me crió a mí, para suerte nuestra.

Soportarme a mí no es fácil, mucho menos lo es quererme aunque sea un poquito, pero Nina me quiso mucho y estoy 100% SEGURA de que siempre me va a querer, así como yo a ella. Nina ha sido la ÚNICA persona que me quiso y me entendió y me cuidó no por lo que soy sino a pesar de lo que soy, incluso desde antes de nacer, como sé que nunca nadie más me va a querer, como yo nunca querré a nadie más.

A Nina le debo todo lo bueno que soy. Por lo malo yo acepto la responsabilidad, pero lo bueno lo creó, o por lo menos, lo encaminó ella. No me gusta siquiera pensar en qué podría haber sido de mí sin ella, pues no sólo me habría faltado cariño, protección y un buen ejemplo, sino que habría crecido con la desgracia de no tener a quién admirar o a quién respetar, con la desgracia de no tener a mi alrededor un cerebro que valiera la pena, o incluso ¡un ser humano que valiera la pena! Yo tengo claro que ella es el mejor ser humano que he conocido y MUCHO mejor ser humano que yo, porque no sólo tiene un cerebro Clase A, sino que tiene toda la nobleza y la bondad que yo nunca voy a tener.

Hace 6 años, uno de esos muy extraños días en que logré llorar un par de lágrimas que no fueron de arrechera, fue la única vez que fui capaz de decirle lo que siento por ella, fui capaz de darle las gracias por todo lo que me dio, y fui capaz de decirle que nunca la iba a dejar "ni siquiera después de muertas", no sé de dónde me salió esa vaina ni qué quise decir exactamente, pero en medio de mi lloradera, I meant it!

Nina está viejita y tiene achaques desde hace mucho, y yo siempre estuve pendiente de cuidarla, de ayudarla, de acompañarla, de darle todo cuanto estuviera a mi alcance, para devolverle aunque sea el 1% de lo que ella me dio. Es que como dije más arriba, su cerebro siempre valió la pena, aun con sus achaques, yo de verdad quería estar con ella, porque sabía que había más qué aprender, porque sabía que ella me hacía mejor persona...

Nina tiene Alzheimer y diversas manifestaciones de demencia senil desde hace un par de años, lo cual me hace sentir una GRAN arrechera. Porque lo dije en este post: ¡a la poca gente que me importa le deseo, más qué cualquier otra cosa, que le funcione bien el cerebro! ¡Y más aun si se trata de un cerebro como ése! Entonces, COÑO, maldita sea, ¿¿¿no se le podía joder otra pieza, sino justamente el cerebro??? ¡Eso es una coñoemadrada demasiado grande!

Quienes me conocen saben que llevo un tiempo sintiéndome harta de todo y de todos, sintiendo que nada me importa, que todo me da igual, que todo me arrecha más que de costumbre... Y fue apenas hace cuestión de un mes, más o menos, cuando me di cuenta de que en realidad esa sensación data aproximadamente del momento en que perdí a mi Nina, porque ¿qué me puede importar de ahí para allá?, ¿qué más puedo perder?

Sí, no lo escribí mal, ¡yo perdí a mi Nina! Porque yo soy mi cerebro, yo no tengo unos nobles sentimientos, no tengo unas grandes tetas, no tengo un talento artístico del cual presumir, lo único por lo que alguna vez he sobresalido y lo único que vale en mí es mi cerebro; por ende, lo único que para mí tiene valor en las otras personas es su cerebro. ¡Y si perdí el cerebro de mi Nina, perdí a mi Nina! Punto. No se discute.

Como dije antes, hace como un mes fue cuando entendí que la pérdida del cerebro de mejor calidad que he conocido, es más de lo que yo puedo manejar sin perder los estribos; y como cada quien lidia con sus tragedias de la manera que puede, yo lo he llevado así: vistiéndome de indiferencia ante todo. No sé si esto sea algo de lo que deba enorgullecerme o avergonzarme, pero yo he logrado levantarme todos los días y seguir respirando en este mundo sin Nina en el que no sé cómo coño existir. ¡Y lo he hecho con una naturalidad tal que la gente hasta piensa que María Alejandra es tan pero tan mierda que no le importa lo que le pase a Nina!

Con todo, aunque yo creía que eso era demasiado, igual podía respirar y levantarme todos los días y tratar de existir aunque no supiera cómo, sin poder hablar con ella y preguntarle su opinión, pero todavía viéndola caminar por la casa y reírse con los escuincles como si fuera una más de ellos... Pero no, people, ¡eso no era demasiado! Demasiado ha sido verla ahora mal puesta en una cama clínica porque no puede ni siquiera controlar la posición de su cuerpo y si uno la arregla ella se vuelve a girar instintivamente hacia el único lado que puede mover... Demasiado ha sido que no pueda ni hablar para decirme que me reconoce, demasiado es que no pueda comer, demasiado es escucharla llorar hasta dormida, demasiado es que mi Nina no se haya muerto y aun así ya me haya dejado sola... ¡Esa vaina es demasiado!

Y el maldito mundo no tiene ni siquiera la decencia o la consideración de detenerse para dejarme en paz con mi duelo, igual hay que ir a trabajar, igual hay que hacer mercado, igual hay cuentas qué pagar, igual hay que seguir pataleando para no hundirse, igual tengo que vivir sabiendo que no cumplí mi promesa de no dejarla nunca así como ella no me pudo cumplir a mí... Qué hijueputada, ¿no?