Pa' variar, yo peleando en Banesco
Llegué a las 11, tomé un numerito y constaté en la pantallita que faltaban 23 para que llegara mi turno. A las 11:30 salí a comprar más agua mineral, subí a una oficina que frecuento a veces (pa' usar su baño; consecuencias de beber demasiada agua), y caminé sin prisa de regreso... Al entrar nuevamente vi en la pantallita que faltaban 14.
Me aburrí del poemario que estaba leyendo, hablé por teléfono varias veces -y no salió ningún Kendry a decirme que colgara-, saludé vía SMS a casi todos los contactos que tengo en los tres celulares, caminé de un lado a otro, huí de un señor que me quería sacar conversación, volví a agarrar el poemario, escribí un par de tweets acerca de mi desesperación, vi con envidia cuando las promotoras se iban a almorzar y volvían, leí folletos sobre créditos hipotecarios, seguí caminando... Y seguía mirando la pantallita, viendo que se estancó cuando faltaban 5 pa' llegar a mi número.
Cuando una de las promotoras regresó de almorzar a la 1pm, entró a su cubículo, encendió la luz, arregló unas cosas en el escritorio, se sentó frente al computador, pero no llamaba a ningún cliente para que pasara... Al verla sola, todo el que iba llegando entraba "a hacerle una preguntica", y ella los dejaba sentarse y los atendía, les respondía las pregunticas, les imprimía la información que pedían; de verdad me pareció que era amable y solícita, el único problema era que había un montón de gente -incluida esta flaca con hambre- que tenía más de 2 horas esperando con un puto número en la mano, y ella no nos atendía a nosotros sino a los que acababan de llegar.
La vena que late en mi frente alcanzó un punto de presión inaguantable cuando entró un tipo a preguntar por unos bonos y ella lo tuvo ahí sentado más de 15 minutos explicándole vainas. Si no hablaba, la vena iba a explotar, ¡así que hablé! Ya estaba junto a la puerta del cubículo, por lo que sólo tuve que dar un paso hacia adentro con mi mejor cara de "¡No estoy arrecha, soy feliz, qué bella es la vida!", y dar inicio al siguiente diálogo:
- Mariale: Buenas tardes, señorita, disculpe la interrupción. Una pregunta: ¿quién atiende a los clientes que tomaron un número allá en la maquinita pulsando el botón de "Apertura de cuentas, participaciones, solicitudes de tarjetas, reclamos y otros"?
- Promotora: Eso es por esta área, cuando le toque su turno.
- Mariale (con cara de inocencia): Sí, pero ¿quién nos atiende? Porque, por lo que he visto, su trabajo es atender a los que NO han tomado un número. Entonces, ¿a quién debemos dirigirnos los que sí tenemos uno?
- Señor maloliente que también tenía rato esperando: Sí, es veldá! Pa'llá se mete toelmundo y uno aquí desde hace horas!
- Señor que preguntaba por los bonos: Es que yo solamente vine a preguntar.
- Mariale: Señor, perdón, no me dirigí a usted porque evito dirigirle la palabra a la gente que me ha faltado el respeto, y usted nos faltó el respeto a todos los que estábamos esperando. Por eso le hablé a la señorita, que sí está haciendo su trabajo que es atender a los que no respetan y pasan sin tomar un número, y ella me va a hacer el favor de informarme quién me puede atender. ¿Verdad, señorita?
- Promotora: Ehh... Señor, mejor venga luego, tome un número y yo le explico todo. Ustedes me disculpan, ya los voy a llamar.
- Mariale: Ah ok, ¿usted misma nos puede atender? Bueno, muchas gracias, por aquí voy a esperar.
Afortunadamente, mientras yo peleaba con la tipa haciéndome la pendeja, las otras promotoras fueron llamando y me tocó que me atendiera otra que tiene un "nombre" que bien justificaría que tuviese los cadáveres de sus padres desmembrados y guardados en un freezer en el sótano de su casa!, así que mi nivel de tensión bajó tan pronto le vi el carnet, y me esforcé por no sonreír mientras pensaba en el post que seguramente protagonizará en el blog "Nombres que JAMÁS le debes poner a tu hij@".
La niña en cuestión me desbloqueó la tarjeta y pude por fin, a la 1:45pm, irme a comer.
































