La migraña siempre ha sido parte de mi vida, ya lo he comentado antes aquí, se va un tiempo y regresa otro tanto. Por eso mi diagnóstico de hace años fue "Cefalea migrañosa crónica" y yo lo he aceptado, sé que es parte de la herencia de mi madre, así que no le paro mucho. Sin embargo, ha habido algunos períodos en los que los analgésicos no me hacen efecto, la vaina se hace demasiado insoportable, y no me queda más remedio que pedir ayuda.
Como mi nueva póliza de seguros no me cubre las consultas, igual la tenía que pagar yo, así que no fui a ver a cualquier matasanos de este pueblo, sino al que ha sido mi único médico de confianza desde hace unos 8 años; el que, siendo traumatólogo, me ha atendido por gripes, infecciones, hongos, gastritis, anemia, y toda vaina que no tenga que ver con su especialidad. Sigo prefiriéndolo a él porque, aparte de estar bueno, no ha intentado matarme como los demás.
Como me conoce
-y conoce a mi familia- desde hace tanto tiempo, sabe por dónde pueden venir los tiros tan pronto como comienzo a enumerar síntomas, en este caso: muchos dolores de cabeza, mucho cansancio, muchos mareos, muchos dolores musculares y mucha
(DEMASIADA) hambre. No me hizo las preguntas típicas de si estoy embarazada, si consumo drogas, si tengo trastornos alimenticios
(esta pregunta es la habitual de los que me atienden por primera vez, lo cual es comprensible por mi peso)... Él se limitó a pedirme que le describiera cómo habían sido mis días últimamente y, cuando terminé mi relato, empezó a escribir una orden para una serie de exámenes y me dijo que eran "por si acaso, para descartar", pero que él estaba casi seguro de que todo mi malestar se debía a toda la tensión a la que he estado sometida.
Bien, me hice los exámenes y ¡resulta que estoy como una uva! ¡Más buena que Norkis Batista! Estoy mucho mejor que
en mayo, ¿recuerdan? Y debo decir que el doctor me hizo examinar un montón de factores que no tomó en cuenta
la matasanos en aquella ocasión, y aun así, todos mis valores son absolutamente hermosos. Lo cual nos lleva a la pregunta que le hice cuando le envié por email mis resultados: ¿Cómo es posible que estando tan sana me sienta tan mal?
Su respuesta fue que su primera impresión era la correcta: todos los peos que tengo en mi cabeza le están pasando factura a mi cuerpo. Así que sólo me recetó un reconstituyente de la masa muscular porque estoy exageradamente flaca, y lo más apocalíptico del asunto:
ejercicio diario. Justo en el momento en que yo le estaba buceando los brazotes y pensando en lo bien que le lucen las canitas en las sienes, ¡viene aquel hombre con sus ojitos entrecerrados y me dice semejante grosería! ¡No pué' sé'!
Yo, por supuesto, intenté negarme. Le expliqué que, a pesar de mi pasado de "niña atleta" que hizo cuanto deporte existía en el mundo, al llegar a esta pueblo con su maldito calor se me quitaron las ganas; además, siempre he estado flaca, después de todos estos años sin hacer un puto abdominal sigo conservando la definición, entonces ¿para qué pasar por esa tortura? Le expliqué que lo he intentado, pero que pago la inscripción y el primer mes en el gimnasio y voy la primera semana
(si acaso)...
A cada una de mis excusas, él me fue devolviendo respuestas imposibles de desarmar. Me dijo que él mismo no iba al gimnasio, que no malgastara mi dinero, pero que hiciera algo al aire libre, me recordó que hasta
Nina -mientras todavía podía- caminaba en el parque
(que, pa' que vean lo sinvergüenza que soy, queda a unos 20 metros de mi casa)... En fin, no me quedó más remedio que aceptar.
Siendo así, salí a comprarme un mono
(porque se imaginarán que a estas alturas mi inventario de indumentaria deportiva es CERO) que no conseguí y tuve que conformarme con una licra suavecita, bien cómoda, pero que no era lo que yo quería. Compré una sola
(y barata, además), porque no sé cuánto tiempo me vaya a durar la fuerza de voluntad; y pretendo escribir un post sobre esa compra si la procrastinación no me lo impide.
Pero bueno, el punto es que, después de la flojera del fin de semana, hoy tempranito por fin nos encontramos el parque y yo, yo y el parque... Fue menos traumático de lo que esperaba, el día de hoy me sirvió para tomar nota de ciertos detalles:
1. Hoy sólo hice 40 minutos, porque en cuanto salió el sol matagente
(a las 7 en punto) huí por la derecha. Así que si quiero quedarme más tiempo debo llegar más temprano.
2. No me cansé, mi ritmo cardíaco se mantuvo casi inalterado; de modo que estoy para una intensidad mayor.
3. No me dio sed en todo el trayecto y sólo necesité un par de sorbos de agua; esto es importante porque cuando hacía ejercicio siempre estaba pendiente de hidratarme antes de que me diera sed, recordando las palabras de mi profesora Blanca: "Si te da sed te jodiste". La buena noticia aquí es que puedo llevar una botella más pequeña.
4. ¡No sudé prácticamente nada! This is a big deal, porque aunque tiendo a sudar realmente poco, aun ese poquito me parece la cosa más guácala del mundo. Supongo que es la ventaja de esa hora, que no está el solazo.
5. Al levantarme más temprano, me da tiempo de hacer una comida adicional, por lo que espero tener menos hambre durante el día.
Ya lo dejo hasta aquí porque está muy largo. Espero que la fuerza de voluntad me dure por lo menos hasta quitarme los malestares...