Seguimos con la lista que empecé en diciembre pasado en
este post.
Falta de seriedad: Dícese de mis Converse rosado oscuro de suela negra, de mis jeans rotos, de mis medias de varios colores que no combinan, de mis franelas de muñequitas flacas que se parecen
(o no) a mí...
Por lo general, después de salir de una tienda, extiendo la bolsa diciendo "Mira la f
alta de seriedad que me compré"; o las pocas veces que lo que veo en las vitrinas no me parece asqueroso, puedo señalar una diciendo "Me gusta esa
falta de seriedad"; o cuando alguien me pide consejos sobre lo que debe o no debe ponerse, levanto mis Skechers con vivos brillantes diciendo "Tú estás viendo la
falta de seriedad que yo llevo en los pies, ¿no?".
Noto que con el paso de los años toda la ropa del mundo me va pareciendo más imposible de usar, pero
la poca ropa que me gusta, es una total
falta de seriedad.
Kojak: Lo uso para referirme a cualquier pene.
Viene de un panita español que estaba obsesionado con hablar de su miembro, al cual solía llamar "El Calvo". Y otro pana, que se burlaba de su obsesión, siempre decía "Ya vas a venir a hablar de
Kojak".
Han pasado unos cuantos años y a veces cuando hablo con alguno de los que formaron aquel grupito tan chévere y que nos duró tan poco, descubro que ellos también usan una de las dos expresiones, o El Calvo o
Kojak.
El Poca Cosa: Nombre genérico que se les da a los tipos en los que las mujeres se fijan sin razón aparente. O sea, tipos que pueden ser feos, brutos, vagos, mentirosos patológicos, misóginos, chavistas y/o eyaculadores precoces, y aun así tienen a las pendejas tras ellos.
Es chistoso porque mientras la pendeja en cuestión está con el tipo, sucede una de dos cosas: 1) Se ríe y me dice
-con la típica voz de pajúa- "Ay no le digas así", 2) Se arrecha y me deja de hablar. Pero cuando abre los ojos y lo manda pa'l coño
(o llega al extremo de lo insoportable y El Poca Cosa la manda a ella pa'l coño), entonces sí les ponen cualquier mote feo, he escuchado "El Innombrable", "El Anticristo", "Lord Voldemort" y, el más reciente, "El Psicópata"; a esa última le dije "Hermana, no le digas así! Al
Poca Cosa no le daría el cerebro pa' llegar a ser un psicópata".
Tiernos y Dulces Engendros del Demonio: Se refiere a todos aquellos carajitos a los que nos provoca meterles una patada en la boca y ver cómo salen volando todos sus recién estrenados dientes.
OJO, saben todos que yo amo a los niños, pero es que éstos no son simplemente niños. Hay niños que son traviesos, que obligan a hacer acopio de toda la paciencia de la que uno sea capaz, pero aun así se entiende que son niños, que están jugando, que tienen mucha energía etc etc... En cambio los
Engendros del Demonio son criaturas malévolas y profundamente estúpidas, que por ahora están empacadas en cuerpos pequeñitos y por eso pueden ser confundidas con niños; cuando crezcan serán igual de estúpidos, igual que sus padres o quienes los crían.
Los adjetivos
"Tiernos y Dulces" nacieron el Día del Niño en el año 2009, cuando iba en el Metro
(que había decretado la gratuidad del servicio durante el feriado). Recuerdo que cuando por fin me bajé en Altamira y pude volver a respirar aire en lugar de la mezcla de colonia Menem+sudor en ropa mal lavada+vómito, saqué el celular y le escribí a
Rosángela -que me estaba esperando- que me felicitara por haber logrado contener mi deseo de arrojar a los rieles a varios
Tiernos y Dulces Engendros del Demonio que gritaban y me empujaban en el andén de Plaza Venezuela.
Por hoy, lo dejamos hasta aquí. No se descarta una tercera entrega.