domingo, 11 de noviembre de 2012

De la exposición a las cosas buenas

"El paladar se forma desde la infancia, de grande lo tenés o no lo tenés".

"La música me hizo un niño feliz".

"Mi primer recuerdo es de un atardecer en Barquisimeto, mi papá paró el carro para verlo".

"Siento algo muy parecido al miedo cuando pienso en lo que habría sido mi niñez sin la biblioteca del pasillo".


Les explico esas cuatro citas. La primera es de Claudia Fontán, la actriz argentina que acompañaba a Fernando Trocca en su programa de cocina; decía que aprendemos a comer desde chiquitos y que es muy difícil hacerlo después. La segunda es la más reciente, lo dijo un amigo músico hace un par de días en una conversación muy fumada sobre la familia y los traumas. La tercera es de "mi amigo más viejo" (QEPD), decía que no recordaba nada antes de los 6 años. La última es mía, es parte de un chat de hace casi un año, explicando que los libros me salvaron.

Escribo esto pensando en que los adultos estamos como programados para "cuidar" a los niños de lo malo y no para acercarlos a lo bueno, que a la larga, da mejores resultados. Claro que está bien tratar de no exponer a los niños a cosas malas, pero creo que es más importante procurar exponerlos a tantas cosas buenas como sea posible; lo malo está ahí, es inevitable, mientras que lo bueno hay que buscarlo.

Creo que es importante exponer a los niños a la belleza, enseñarles a ser parte de la belleza, a experimentar la belleza, a valorarla, a protegerla, a reproducirla.

Yo crecí rodeada de libros, los libros me formaron, los libros fueron el único contrapeso en esa sucesión de metidas de pata que fue mi crianza y sé que lo que pueda haber de bueno en mí fue aportado por los libros. Eso lo agradezco muchísimo, pero a veces me pregunto cómo sería si mi familia hubiese salido más del apartamento y me hubiese acostumbrado a ver más azules, más verdes, más paisajes distintos; cómo sería si me hubiesen enseñado a comer tamarindo sin arrugar la cara, a entender todo lo que cuenta un vino, a valorar las maravillas que salen del mar; cómo sería si alguien se hubiese dado cuenta de cómo hipnotizaba el sonido de un violín... Tal vez tendría más qué agradecer, tal vez no me daría ladilla salir de mi casa, tal vez no habría sufrido aprendiendo a cocinar -y a comer- después de vieja, tal vez no habría consumido tanta basura musical durante la adolescencia; entiendo que nunca lo sabré con certeza, pero no puedo evitar pensarlo.

¿Acaso ustedes no lo piensan? ¿Los recuerdos de la infancia que atesoran son de lo bueno que les pasó o de lo malo que no les pasó? ¿No quisieran tener más de los buenos? Ya no lo pueden cambiar, pero pueden hacer una diferencia para los que están creciendo.

Expongan a los niños a la belleza, al arte, a la naturaleza, a lo que enriquece, a lo que vale la pena guardar; lo malo llega porque sí.

3 comentarios:

Genín dijo...

Si, de hecho muchas veces culpo, o mas bien me da lástima que no estuviera mi educación en manos mas cualificadas, mas cultas, porque si que eran buenas personas, pero no tenían la chispa adecuada para educar a un niño dificil como yo lo fui, a saberme llevar, a explotar la evidente materia prima que tenían en sus manos, da igual que fuera mejor o peor, pero allí estaba y no la veían, veían otra que a mi no me interesaba.
Eso lo pienso muchas veces, no sin culparme a mi mismo por no haber estudiado música, por haber desperdiciado aquella beca que me otorgaban para estudiar canto en Roma porque nadie me explicó que lo que me habían dicho de que la voz se iba al carajo a los 35 o 40 años era una falacia, así que me negué en redondo, cuantas veces me he arrepentido.
Claro que uno hace muchas otras cosas que, sobre todo al final de tu vida no les das valor alguno, te parecen normales, solo se lo das a las que no hiciste, al menos yo...jajaja
Me encanta poderte dejar estos besos y los deseos de salud, corazón.

marialerondon dijo...

Chama, que bonito este post.
Ayer justamente fuimos con mi chamita a un concierto de la Orquesta Sinfonica local, y mi esposo decia al final que le habia gustado, pero que no era para ninos. A lo que le dije: es musica, claro que es para ninos, hay que acostumbrarlos o al menos que escuchen y si luego no les gusta que no sea por ignorancia, como a muchos nos pasa. Mis papas nunca me llevaron al teatro, a la biblioteca o a un concierto de musica clasica. La cultura en mi familia no va mas alla de lo que se ve en la tv o se escucha en las emisoras de radio populares.
No quisiera lo mismo para mis hijos sabiendo las maravillas que hay por ver y aprender.

Capochoblog dijo...

Es cierto... demasiado cierto. Lo malo viene, lo bueno te deja afontarlo con mayor entereza.

Por cierto, avisame por correo si usas tablet para leer y si así es, el formato para enviarte un camión de libros que me corto una lola a que te gustan un montón ;) (para ser parte de lo bueno!)

Besos, enana.